En Ginebra reservaría la tarde para pasear por el casco antiguo.
La oficina de turismo describe sus calles empedradas, plazas pequeñas, pasadizos y la catedral de San Pedro. [1] Justo el tipo de lugar por el que no querría ir con prisas.
Llevaría una chaqueta, zapatos cómodos y quizá una libreta pequeña. Siempre aparece un escaparate o una puerta que apetece recordar.
El plan puede ser muy sencillo: pasear, parar a tomar café y seguir paseando.
Y si llueve, busco una cafetería. No tengo ningún problema en cambiar el itinerario por un trozo de tarta.

